martes, 25 de abril de 2017

Visita a mi amado abuelo

Desde chica siempre me pregunté porque sólo tenía un abuelo y si tenía dos abuelas, ¿Dónde estaba el papá de mi mamá? ¿Por qué cuando yo preguntaba sobre él  siempre me decían que yo lo había conocido?
Con el paso del tiempo crecí y me contaron la fría verdad, él había muerto cuando yo era una nenita de dos años ¿Por qué se tuvo que morir mientras yo aún no podía guardar su recuerdo? ¿No podía esperar un poco?
Mi hermana mayor siempre me contaba lo bueno que era, como la dejaba saltar en su cama y después mirar la tele sobre sus piernas ¿Por qué no pudo esperarme? Son preguntas que nunca voy a poder resolver. Pero igual, aunque no lo recuerde, siempre voy a poder mirar una foto suya y pensar: “Abuelo Pelusa, no sabés cuanto te quiero”.

Me despierto temprano, acabo de soñar con él, con su sonrisa inmóvil impresa en papel. Voy al baño, me lavo la cara para despertar mis ojos. Voy a la cocina, no hay nadie allí, mi papá se fue a trabajar y mi mamá y hermana aún duermen. Llevo la tarea que tenía pendiente sobre la mesa, la hago sin prestar mucha atención. Me duele la cabeza y el centro del pecho, me falta el aire, dejo la lapicera apoyada sobre la mesa, el dolor es insoportable, me llevo mis manos a mi pecho y presiono para alivianar el dolor. Pero es imposible, el aire ya no existe en mis pulmones y la cabeza se me incendia del dolor, no siento mi corazón, dejo de respirar, el dolor se va.
Ya no tengo sueño ni dolor, estoy en el aire, flotando como una pluma en el viento sin sentir que haya una gravedad que me empuje. Miro a mi alrededor, estoy subiendo hacia el cielo, debajo mío veo Argentina, preciosa Argentina, las nubes ya me rodean, me acerco a una, y esperando que se haga agua al tocar mi piel paso la mano con fuerza sobre ella. Pero lo que sucede es hermoso, la nube se tiñe de un color rosa pálido, como dolida por mi golpe. Me acerco más y abrazo su suave textura, una calidez inmensa me llena. Miro mi cuerpo esperando ver mi pijama celeste lleno de pedazos de nube, pero la ropa ya no está allí, lo único que cubre mi cuerpo es  un vestido blanco. Una idea cruza mi cabeza y miro a mi espalda, dos grandes alas nacen en mis omóplatos y se extienden a un metro y medio de mí.
-¿Agaí o Magalí? ¿Cómo debo llamarte?- me doy vuelta buscando a la persona que habló.
-¿Abuelo?- lo veo ahí sentado, sobre la nube rosada, sonriéndome, como siempre soñé.
-Hola chiquitita ¿Qué haces acá?- me saluda. Vuelo apurada a sus brazos y lloro en su hombro.
Le cuento lo que me pasó y me mira sorprendido.
-Vos no tendrías que estar acá, todavía sos muy jovencita.
-Pero si yo no me tenía que ir todavía ¿Por qué vos sí cuando yo era chiquita? ¿Por qué no te quedaste un poco más para que yo pudiera recordarte?
-Porque ya era mi momento, ya estaba muy enfermo. Y si me ibas a recordar ibas a hacerlo con una imagen mía arruinada, por eso me dejé ir, preferí que tuvieras una linda imagen mía para recordarme por siempre, mi nietita chiquita.- me abrazo más fuerte a su cuello y lloro desconsolada.-Escuchame un poquito, tenés que volver a tu cuerpo, esto que te pasó no lo vas a olvidar nunca.
-Abu, no sabes cuánto te quiero- lo miro a sus ojos profundos.
-Yo también te quiero mucho, chau mi nietita, besos a mi hija, a tu hermana, tus primos y tu tío. Deciles que yo los cuido siempre desde acá.- asiento con la cabeza como respuesta, las lágrimas aún ruedan por mis mejillas. Me empiezo a alejar de la nube, una luz blanca cegadora aparece entre él y yo.

Ya no estoy volando, siento algo detrás de mí, estoy acostada sobre un suelo frío, ya no hay nubes a mi alrededor, la luz enceguecedora ya desapareció. Abro los ojos, estoy tirada en el suelo de la cocina, con lágrimas en los ojos, el cuerpo adolorido, pero sonriendo. Porque lo vi, porque pude hablar con él.

Sonrío con el corazón.


(Abril 2005)

Bonito mio

Tu sonrisa
es como el sol por la mañana.

Me despierta
y me parece tan cercana.

Aventura
que prepara la esperanza.

Ilusión
que me adelanta esa mirada.

No me mires si no quieres encantarme.
No me mires porque puedes enamorarme.